lunes, 23 de enero de 2006

Mientras...

Hay un cierta indiferencia general que se ha apoderado de la mayoría de las horas de mi vida. Desde hace ya buen rato que he concluído que esa indiferencia es uno de mis principales sistemas de defensa. ¿Defensa contra qué?, contra todo: el mundo exterior y, a veces, el interior. Siempre he dado el consejo de que no se debe esperar nada de nadie ni de nada. Y heme aquí, esperando todo de la vida y mucho de algunas personas y no recibo eso que espero. Qué pinchi fácil es dar los consejos pero que pinchi difícil es seguirlos. Por eso yo siempre tomo un consejo no por la persona que me los da, sino por el consejo en sí y lo que significa, porque sé que existen personas como yo que saben lo que tienen que hacer pero que luchan para poder llevarlo a cabo. O sea, que hay mucha gente (cada vez me doy cuenta de que son más) que sabe lo que tiene que hacer pero no lo hace, ¿por qué?, no lo sé, pero si tuviera que dar una respuesta diría que es por miedo. Y en eso del miedo yo me declaro un pinchi culón de primera (o sea, miedoso, porque sí estoy nalgón pero no tanto...). Puedo no sacarle a pegarme unos putazos con cualquier pendejo, pero sí se me hace chiquito el asterisco cuando tengo que hacer algo que represente un riesgo desentimental de cualquier tipo (cómo chingo con lo del riesgo...). Creo que soy más capaz de arriesgar mi físico que mis sentimientos en cualquier situación, por más joto-aventurero que esto pueda parecer. Y de lo anterior pueden dar cuenta mis múltiples cicatrices y fracturas en todo el cuerpo, y el hecho de que sólo hay 3 personas en el mundo que realmente puedo decir que conocen cómo me siento.

1 comentario:

musicasiopea dijo...

No hacemos lo que sabemos que tenemos que hacer por que nos encanta hacernos weyes.

La cosa no está tan difícil, si nos hacemos a la idea de que lo innevitable tendrá que pasar, decidamos o no cualquer coisa.

Abrazos calurosos a mi meganacou, se le quiere en la eterna primavera =)